Soy Selene Ickowicz. Durante más de 20 años trabaje en el mundo corporativo y equipos comerciales y viví de cerca lo que el cambio mueve en las personas; hoy dedico ese camino al acompañamiento emocional. No lo enseño desde la teoría: es una práctica que vivo conmigo misma.

  • Maestría en Terapia de Pareja (Instituto Mexicano de la Pareja)
  • Facilitadora de Coherencia Cardíaca HeartMath
  • Facilitadora de Mindfulness · Maestra de Kundalini Yoga (200 h)
  • Formación en Budismo laico, Neurociencia y Trauma (Escuela Neurobodhi Lucas Casanova)
  • En formación: Experta en Terapia Transpersonal   ( EDTe, 2.º año)

Mi historia

Como casi todos, he vivido momentos que me movieron el piso: rupturas emocionales, pérdidas muy cercanas,  que me obligaron a detenerme y mirar hacia adentro.

Durante más de 20 años mi vida se centro en ir del trabajo a casa y de vuelta al trabajo. Lideraba equipos, cumplía metas y responsabilidades, tenía vida social. Desde afuera todo estaba en orden. Sin embargo, por dentro había soledad, vacíos y necesidades que nadie, ni siquiera yo, estaba atendiendo.

No fue un derrumbe lo que me cambió, sino una pregunta que se fue haciendo cada vez más clara: ¿Qué necesito yo?

El camino que voy construyendo

Las primeras respuestas llegaron con el yoga (Ashtanga y Hatha) y la meditación trascendental. Ahí descubrí una voz interna, casi imperceptible, que me daba tranquilidad y contención. El mundo de afuera era ruidoso y demandante, así que empecé a buscar maneras de no perderla.

Cada formación que hice fue con la intención de cuidar esa voz. La formación para ser maestra de Kundalini Yoga me mostró que este era mi camino. La Maestría en Terapia de Pareja me enseñó cómo nos vinculamos y cómo repetimos lo que aprendimos. Con la formación HeartMath aprendí a escuchar al corazón y a regular la ansiedad desde el cuerpo. Y con la formación en budismo laico, neurociencia y trauma comprendí que casi todos cargamos alguna herida, y que esa herida no es una sentencia: es un punto de partida. 

He tenido muchos maestros en seminarios, congresos, formaciones y libros. De todos me quedo con lo mismo: aprender de quienes no pretenden ser perfectos.

Lo que aprendí: el cambio llega en espiral

Se suele decir que crecer es como pelar una cebolla: vamos quitando capas. Es cierto, pero yo descubrí algo más. Muchas veces volvemos al mismo lugar, al mismo tema, a la misma emoción. Solo que ya no lo miramos desde el mismo punto.

No avanzamos en línea recta; subimos en espiral. Aunque sintamos que llegamos al mismo sitio, ya no somos las mismas personas. El avance puede ser lento, pero nunca es estático. Esa mirada me dio claridad y esperanza, y es el corazón de Kuti.

Mi manera de ver la vida

Me gusta pensar que somos como una rebanada de queso suizo: todos tenemos huecos, algunos más profundos que otros. Y aun así, seguimos estando completos. Nuestras heridas no nos restan; son parte de lo que somos y, bien miradas, pueden convertirse en espacio para crecer.

Dice el budismo que el dolor es inevitable. Yo no lo leo como una condena, sino como una invitación: si el dolor va a llegar, puedo aprender a relacionarme con él de otra manera. Para mí la felicidad no es reír todo el día ni dejar de sentir. Es aprender a surfear la ola: dejar que las emociones lleguen y se vayan, sin aferrarnos a una sola historia sobre la vida o sobre nosotros mismos.

Creo que el cambio empieza cuando tenemos el valor de mirarnos y decidimos dejar de sufrir de la misma forma. Nos rigen nuestros pensamientos, nuestras creencias y nuestra manera de relacionarnos con el mundo. Cuando descubrimos que podemos cambiar, aunque sea un poquito, la vida empieza a moverse.

En mi espacio no impongo mis creencias. Escucho lo que es tuyo, cómo te relacionas con ello y qué te estorba para vivir con más paz.

Hoy

Acompaño a quienes desean mirarse sin miedo y sanar a su propio ritmo, cultivando la compasión y la bondad hacia sí mismas. No lo enseño desde la teoría: es un camino que practico conmigo misma.

Gracias por llegar hasta aquí

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